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Lo que tiene volver a casa cuando estudias fuera es que te traes todo lo que te llevaste y más cosas. Este año había logrado aprobar en junio con lo que iba a tener un verano más tranquilo pero no imaginaba las perversiones y fantasías que iba a poder cumplir. Hacía muy poco que había descubierto su lado lésbico. Dentro de ese descubrimiento había descubierto el BDSM. Un viernes que no sabía que hacer una amiga la invitó a una fiesta y la puso la condición que debía vestir como ella dijera y allí obedecerla en todo. Con esa amiga fue con la que el sábado anterior había descubierto a Lesbos y había pasado toda la noche entre sus brazos.

Arrastrando la maleta por el garaje del piso de sus padres y otro par de bolsas en la mano no se dio cuenta que se le había caído la cartera al suelo. Cerca de allí Diana, una vecina de la misma finca, de otro portal y justo del balcón de enfrente pero en otro piso. Vió como a la chica se le caía la cartera. La cogió y corrió detrás de ella para dársela. No llegó y se la quedó para metérsela en el buzón. Miró el nombre, Amaia, se la guardó y siguió con lo suyo. La chica bajó de nuevo y entonces la llamó y le dio la cartera.

Llegó a su casa y guardó toda la compra en la despensa. Ese fin de semana estaba sola ya que su marido se había llevado a los chicos a pasar el fin de semana fuera. Después de comer y fregar los cacharros se sentó delante de la pantalla del ordenador. Accedió al perfil de una web donde manera discreta solía buscar alguna chica. Era un secreto que mantenía al margen de su marido. Aparte le gustaba el BDSM, lo había aprendido con una Ama pero eso era hacía tiempo.

Rastreó sin rumbo buscando alguna chica cercana. En su ciudad, una pequeña ciudad de la costa del norte de España, no veía ninguna o por lo menos ninguna que le atrajera hasta que buscando en una gran ciudad cercana vió el perfil de Amaia. Vió su foto, estaba vestida de manera informal. Atractiva. Pidió permiso para ver sus fotos privadas. Siguió navegando y chateando con alguna conocida. Llegó la hora que había quedado con una amiga para ir a la playa. Salió a la terraza a coger el bikini. Los ojos se le fueron al balcón de la chica. Sus miradas se cruzaron. La chica dibujó una medio sonrisa.

Diana conocía el secreto de Amaia pero Amaia no conocía el suyo. De momento Diana dejaría el asunto fluir. Fue al ordenador a apagarlo cuando vió tintinear una luz en la barra inferior. Pulsó era el permiso de Amaia a que vieran sus fotos. Diana había tenido la precaución de no poner su origen con lo que Amaia no sabía de donde era la chica que la pidió permiso. La chica escondía un bonito cuerpo. Delgado pero con curvas. Una mirada inocente pero ligeramente rebelde. Se puso los jeans por encima de la braguita del bikini y al meter la mano en el bolsillo para coger las llaves de casa tocó algo como un pequeño trozo de papel. Lo sacó. Era una tarjeta. Era la tarjeta de su vecinita y allí estaba su número de móvil. Ahora tenía dos caminos para atraerla a su cama. Una directamente al móvil y otro por la web. Vió que entre sus contactos Amaia tenía entre sus contactos alguna conocida amante del BDSM.

Ese fin de semana lo tenía libre. Así que llamó a su amiga para no ir a la playa. Ahora mandó un sms a Amaia.

No sabes quien soy. Tu perfil en …….. es muy bonito. Me da que eres una perrita muy linda. Quizás quieras meter tu linda colita en mi cama y demostrarme lo obediente que eres.

Pi, pi, pi… Recibió una respuesta.

Pero quien te crees que eres. Yo no me acuesto con cualquiera.

Seguramente no pero seguramente tus padres tampoco saben que tienes éste perfil así que te espero en el garaje de tu casa a las puertas de tu ascensor.

Diana salió de casa y bajó al garaje. Tenía curiosidad a ver si ésta artimaña surtía efecto y allí estaba la chica. Ella se acercó sigilosamente hasta situarse justo a la espalda de la chica. La chica la sintió y se dio la vuelta.

Tu, tu ee resss ….. como me descubriste?

Primero si aceptase seguir ven conmigo y pasa el finde conmigo. Si cuando llego a mi casa tu no estás detrás mio interpretare que no quieres seguir y me olvidare de ti como mujer y no te molestaré más.

Amaia se quedó perpleja y muda. Pero al girarse Diana, Amaia vió como el jean se la metía por la raja del culo y como le quedaba como un guante y caminó detrás de ella. Cuando entraron al vestíbulo del ascensor. Diana se giró bruscamente y la puso contra la pared. La sobó en todo el cuerpo hasta que con una mano se centró en su coño, lo acariciaba por encima de la braguita del bikini. Amaia había bajado con una camiseta larga por las rodillas y debajo el bikini. El roce de la mano de Diana la fue poniendo como una moto. Giró su cabeza ofreciéndola su boca. Se besaron apasionadamente pero cuando Diana sintió que la chica iba a tener su orgasmo paró dejándola con la miel en los labios.

Subieron a la casa. Diana abrió la puerta y la dejó entrar. La invitó a sentarse en la sala y la dijo a ver si quería tomar algo. Amaia negó con la cabeza. Tenía más que miedo algo de vergüenza. Diana la expuso la situación.

Como te dije antes quiero que seas mi sumisa, te tengo muy cerca y eso es genial. Evidentemente deberemos ser discretas sobre esto. Si aceptas ahora mismo me deberas preparar el baño y meterte conmigo dentro. Si no te puedes ir libremente.

La verdad es que me da algo de miedo pero acepto ser tuya sin condiciones porque se que me cuidaras.

Amaia fue al baño. Llenó la bañera con agua templada y echó algunas sales que Diana tenía al lado. Diana la ordenó que la desnudase. Amaia primero la quitó la camiseta y soltó los botones del jean, tenía curiosidad por ver ese culo que la había excitado en el garaje y allí lo tenía bajo la minúscula tela del bikini. Luego la quitó la parte de arriba del bikini viendo un par de pezones pequeños de color café. Luego la terminó por desnudar. Tenía un culo mediano con unas buenas curvas, prieto. Ahora Diana la besó. Primero un dulce beso para luego convertirse en un apasionado morreo y más que desnudarla la arrancaba la ropa hasta dejarla solo la braguita del bikini. Más que Ama y sumisa se habían convertido en amantes.

Diana se introdujo en la bañera, se puso de rodillas y atrajo a la chica hasta el borde y la hizo entrar dentro. La chica se puso frente a ella de pies. Diana con un dedo mojado fue dibujando la tela de la braguita hasta llegar a uno de los cordones. Este cordón cerraba el acceso a su coñito. Ahora fue a por el segundo cordón y soltó los dos a la vez y la braguita cayó lentamente hasta el agua. Seguidamente la lengua de Diana se posó sobre los labios vaginales recogiendo y secando el sudor y la humedad de la excitación de la chica. La fue comiendo el coño poco a poco, muy lentamente recreándose. Amaia gemía cada vez mas fuerte. Lo mismo que Diana a lamer más rápido el coño de la chica hasta que ésta empezaba a temblar y a alargar los gemidos hasta que se quedó tensa con la espalda arqueada y de su vulva salió un pequeño chorrito que Diana recogió con su lengua. Hizo arrodillar a Amaia y compartió con ella el dulce néctar.

Ahora Amaia la sacó a Diana y la secó completamente. Diana la llevó a su cuarto y la tiró a la cama. Ató sus tobillos con unas esposas y dejó las manos libres. Se sentó a horcajadas sobre su boca. Amaia la dio un lametón desde el ano hasta el coño. Diana se lanzó también sobre el coño de Amaia y lo iba lamiendo pero con menos urgencias que las que parecía mostrar Amaia. Diana se estaba poniendo a mil. La lengua de la joven chica hacía maravillas. Amaia cogió un vibrador y jugó con el por el clítoris y el ano de Diana.

Diana jadeaba como una perra en celo. Diana estaba ya muy cerca del orgasmo. Al sentir la lengua de la chica en su ano estalló en uno dulce y prolongado que la derrumbó sobre Amaia.

Soltó a Amaia y la hizo arrodillar a los pies de la cama. Se puso un arnés. Cogió un objeto ovalado que introdujo en el coño de la joven. Luego cogió un tubo de lubricante. Metió la punta por el culo de la chica y apretó haciendo que el ano de Amaia desbordase de lubricante. Con el arnés fue empujando hasta que estuvo todo dentro. El arnés llevaba un pequeño botón vibrador que se situaba sobre su propio clítoris de tal forma que en cada penetración completa ella sentía la vibración sobre su propio coño. Con el mando activaba el huevo que Amaia tenía en la vagina. La pasión fue elevándose poco a poco hasta que los gemidos se producían a la vez hasta que las dos se corrían a la vez besándose con autentica dulzura. Diana la sacó al arnés y la ayudó a sacar el huevo para luego soltarla.

Fueron a la ducha, se ducharon mutuamente hasta que limpias y secas fueron a la cama donde volvieron a amarse hasta que se quedaron dormidas una en brazos de la otra.

A partir de ese día quedaron unidas por un vínculo más allá de Ama y sumisa, fueron amigas, amantes, fueron todo.

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