Hoy vamos a conocer los resultados de una encuesta sobre el doble sentido sexual enMéxico, y es que el sexo rara vez se nombra por su nombre; se prefiere el rodeo, el ingenio y esa coreografía verbal que llamamos doble sentido.
A través de eufemismos que van desde el “hicimos cardio” hasta el “Vimos Netflix sin ver Netflix”, los mexicanos hemos construido un código cultural donde la palabra no solo describe el deseo, sino que establece los límites de la confianza, la complicidad y la pertenencia.
En colaboración con Evidens, logramos recopilar las opiniones de 300 mexicanos a través del Panel Qué Piensas de QuestionPro. En este artículo, analizaremos las cifras y las razones que convierten a la insinuación en el verdadero idioma de la intimidad en nuestra cultura.
Doble sentido: el código secreto para no decir las cosas “por su nombre”
Es un mecanismo de autoprotección social: te permite decir algo íntimo sin comprometerte por completo.
Solamente el 5% prefiere hablar directo, el resto (95%) de los encuestados recurre a frases como:
- 24%: Me lo di
- 14%: Vimos Netflix sin ver Netflix
- 13%: Echamos pasión
- 13%: “Así, directo: cogimos”
- 10%: Tuvimos sesión de cardio
- 8%: Hicimos el delicioso
- 7%: Echamos pata
- 5%: Le dimos vuelo a la hilacha
Usamos estas frases porque es mucho más cómodo decir que estamos haciendo cualquier otra cosa, aunque en el fondo todos sepamos perfectamente de qué se trata el plan. Es ese guiño cómplice que nos permite hablar de sexo sin tener que pronunciar la palabra.
¿Qué tan seguido recurres al doble sentido?
La mayoría de nosotros (58%) solo recurre al doble sentido de vez en cuando, dependiendo de con quién estemos. Solo un 9% admiten abiertamente que lo usa siempre.
¿Por qué preferimos la indirecta?
Las razones son variadas, pero estas son las principales:
- Por puro cotorreo (38%): El humor es nuestro idioma favorito. Si nos hace reír, ya ganamos.
- Por penita (22%): A veces decir las cosas tal cual nos pone rojos, y la indirecta nos ahorra el bochorno.
- Para no sonar vulgares (18%): Buscamos esa línea delgada entre lo pícaro y lo educado.
- Por discreción y creatividad (11%): Porque a veces es más divertido que solo los “elegidos” entiendan el mensaje.
El lugar donde se origina todo
En México nadie nos da una clase formal sobre cómo hablar de sexo; más bien, aprendemos a “darle la vuelta” entre risas y convivencia.
El 46% se graduó en las pedas con amigos, mientras que un 29% aprendió los mejores trucos en los pasillos de la escuela. El resto lo fuimos sacando de los memes (14%) o las pláticas en la mesa familiar (9%).
¿Quienes nos enseñaron el arte del doble sentido?
No todos los maestros te enseñan a multiplicar, otros te dan el conocimiento del albur.
- El 34% heredó esta sabiduría de sus amigos expertos en el doble sentido
- Un 32% aprendió desde sus días de escuela gracias a compañeros.
- Únicamente el 20% lo tuvo en la sangre y admitió haberlo aprendido por su cuenta.
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Dime con quién estás y te diré cómo hablas
El doble sentido funciona como un club privado donde la confianza es la única llave para entrar. No le abrimos la puerta a cualquiera.
La gran mayoría (72%) prefiere usar este código con sus amigos, porque ahí es donde se refuerza la unión y el sentido de pertenencia. En cambio, con la pareja (20%), la intención cambia por completo: se vuelve una herramienta de seducción que despierta el deseo y la complicidad.
Curiosamente, hay un 5% que prefiere guardarse el chiste y solo lo piensa, mientras que la familia sigue siendo el terreno más reservado con apenas un 3%.
Al final, el lenguaje se adapta al lazo: con unos es para reír y con otros es para conquistar.
¿Risa o silencio incómodo? La apuesta del doble sentido
Usar el doble sentido fuera de nuestro círculo de confianza es como una apuesta: si sale bien, hay risas; si sale mal, el momento es incómodo para todos.
- 32% se topó con pared: Han intentado ser ingeniosos pero la otra persona no captó la indirecta, dejando el ambiente bastante tenso.
- 20% se quedó en blanco: Confiesan que ellos fueron los que no entendieron el juego y vivieron el momento incómodo de no saber qué decir.
- 16% fingió que “le cayó el veinte”: No entendieron nada, pero prefirieron seguir la corriente y reírse para no quedar como los distraídos o fuera de la jugada.
Solo el 32% vive en armonía, pues aseguran que siempre se entienden con los demás sin problemas.
¿Hombres, mujeres o solo una cuestión de años?
El doble sentido no se reparte igual para todos. Existe la idea de que los hombres lo usan más, pero no necesariamente por gusto, sino porque socialmente tienen “permiso” de hacerlo sin ser señalados. De hecho, casi la mitad (47%) cree que es un terreno mayormente masculino, mientras que un 27% piensa que ya estamos a mano y solo un 9% considera que es algo de las mujeres.
Pero no solo es cuestión de género; también es un tema de edad. Un 17% opina que el lenguaje cambia según los años que tengas. Al final, el doble sentido es un idioma generacional: lo que para unos suena ingenioso o moderno, para otros puede resultar vulgar o simplemente anticuado.
El doble sentido en la era del clic
La tecnología no mató al doble sentido, solo lo mudó al mundo del meme y el sticker. Hoy, el entorno digital nos da un “permiso” especial que nos ha vuelto una sociedad mucho más abierta:
- 36% se consideran más directos al hablar
- 25% puede expresarse con mayor libertad
- 24% reporta que no han habido cambios
- 8% dice que el chiste del doble sentido se mantiene ahora en lo digital
- Solo el 7% lo ve como tabú con emojis
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Conclusión
Al final, el doble sentido es nuestra red de seguridad: un código que aprendimos en la calle, que filtramos con confianza y que hoy se fortalece en el mundo digital. No es falta de claridad, es el ingenio social que nos permite conectar, seducir y reír sin arriesgarlo todo en una sola palabra.No te detengas aquí: explora estos ejemplos de estudios de mercado y descubre más sorpresas sobre lo que realmente pensamos y hacemos.



