Más allá del contacto físico, hoy existen gestos que para muchos son una falta de respeto y para otros, simples interacciones digitales. Las llamadas microinfidelidades habitan en ese terreno gris de los chats diarios, los nombres de contacto falsos y el rastro de nuestra actividad en redes sociales, desafiando los límites tradicionales de la confianza.
La encuesta lanzada en el Panel Qué Piensas de QuestionPro, fue liderada por mujeres (53%) y hombres (45%), con una fuerte presencia de Generación Z y Millennials, aunque con aportaciones clave de la Generación X y Boomers. Los participantes, que van desde solteros hasta casados y personas en unión libre, ofrecen una visión completa del amor actual desde distintas etapas de compromiso y experiencia generacional.
¿Qué cuenta como microinfidelidad?
Definir qué cuenta como una traición hoy en día es entrar en un terreno donde las reglas cambian según quién las cuente. Para algunos, el simple hecho de darle “like” a una foto es una prueba de infidelidad, mientras que para otros, el límite lo marca un beso; aquí lo que nos respondieron:
- Charlas constantes: El 32% ve el chat diario con colegas como una falta de respeto.
- Rastreo digital: Un 26% señala el “like” a fotos antiguas a deshoras como una microinfidelidad.
- Identidades ocultas: El 26% no confía en los contactos guardados con nombres estratégicos.
- La vieja escuela: El 16% solo considera traición si existe un contacto físico real, como un beso.

El polémico “like”: ¿Cortesía o motivo de pelea?
¿Qué pasa cuando el “me gusta” de tu persona especial se posa sobre la foto de alguien que claramente no eres tú? Aquí es donde la seguridad personal y la confianza se ponen a prueba.
- Sin dramas: Un 35% lo ve como algo normal y sin mayor trascendencia.
- Paz mental ante todo: El 39% siente incomodidad pero elige no engancharse en el problema.
- Modo sospecha: Un 19% comienza a cuestionar el origen de la relación tras el “like”.
- Falta grave: Para el 7%, esto ya es una microinfidelidad de alto nivel.
El regreso del pasado: Cuando tu pareja sigue a su “ex”
Pocas notificaciones en redes sociales generan tanta reacción como el aviso de que una expareja ha vuelto al radar digital. Los resultados de la encuesta indican las diferentes manera de cómo manejar la situación:
- Comunicación directa: El 41% elige preguntar de frente el motivo detrás del nuevo “follow”.
- Investigación: Un 29% prefiere indagar en privado antes de mencionar el tema.
- Indiferencia: Para el 23%, que su pareja siga a un ex no representa ninguna amenaza ni molestia.
- Reciprocidad: Sólo el 7% reacciona buscando también a una de sus antiguas parejas.
El lenguaje de los emojis: ¿Qué significa realmente un “🔥”?
Lo que para algunos es una simple función de Instagram, para otros es una declaración de intenciones. Las opiniones están divididas, pero la balanza se inclina hacia la sospecha.
- Para el 40%, enviar un “fuego” es una señal clara de coqueteo.
- El 33% opina que la gravedad del gesto depende de a quién vaya dirigido.
- Un 27% lo ve como un comentario inofensivo y sin trasfondo.
Celular oculto: ¿Privacidad o sospecha?
Pocas acciones generan una reacción tan inmediata como ver a tu pareja esconder el celular o bloquear la pantalla cuando te acercas. Para la mayoría de los encuestados, este gesto es una señal difícil de ignorar:
- El 47% interpreta el gesto de ocultar el celular como una señal clara de que algo se está escondiendo.
- Un 33% elige la comunicación y pregunta el motivo de la reacción para evitar malentendidos.
- El 20% no lo ve como una falta, sino como una defensa de su espacio personal y privado.
El “mejor amigo virtual”: ¿Conexión inocente o amenaza?
Más allá de los “likes” o los exes, existe un terreno gris donde la cercanía emocional compite con el compromiso físico. El concepto de “mejor amigo virtual” pone a prueba los límites de la exclusividad y la confianza en la era digital.
- El 41% no se opone a la amistad, pero admite que estaría más atento a las señales.
- Para el 33%, una amistad virtual es irrelevante y no afecta la seguridad del vínculo.
- El 26% lo clasifica directamente como una falta de respeto hacia la pareja.
¿Hacemos lo que no queremos que nos hagan?
La honestidad alcanza su punto máximo cuando nos preguntamos si nuestras propias acciones en redes sociales pasarían nuestro propio filtro de exigencia.
La honestidad digital divide a los encuestados: mientras un 52% asegura que sus acciones son coherentes con lo que esperan de su pareja, un significativo 48% admite haber tenido comportamientos en redes que no tolerarían de vuelta.
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Conclusión
Al final, la microinfidelidad nos demuestra que la lealtad hoy se mide en píxeles tanto como en acciones. Más allá de los “likes” o los chats ocultos, la clave de las parejas que sobreviven a la era digital no es el control del celular, sino la honestidad para definir qué límites no se deben cruzar. En un mundo lleno de pantallas, la confianza sigue siendo el vínculo más real.
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