Liderar sin género

Decía Sandi Redenbach que el líder debe ser un coleccionista de sueños. Por si alguien no lo sabe, Redenbach es mujer, una de las educadoras y experta en liderar más solicitadas del mundo con un enorme trabajo detrás en investigaciones del cerebro, inteligencia emocional, autoestima, educación alternativa y disciplina en aulas para estudiantes de alto riesgo.

Estas materias, sin duda, están más cerca del nuevo tipo de liderazgo: el liderazgo femenino, que también se define por una visión en panorámica, a largo plazo; facilidad de resolución de conflictos mediante el diálogo y preponderancia de la empatía versus la competición. Además, los parámetros para medir inteligencia, eficacia, eficiencia y ejecutividad, cambian con esta nueva forma de liderar. ¿Se puede fabricar el liderazgo innovador?

Si echamos la vista atrás, la historia está llena de lideresas, aunque algunas fueron tachadas de locas e incendiarias como Juana de Arco (1412-1431) o Agustina de Aragón (1786-1857). Eva Perón (1919-1952) también era experta en liderar a su modo: con moño, tacones, glamour y su distinguido rubio platino. Muchos la amaron. Otros la odiaron, pero sin duda fue una primera dama fundamental en el desarrollo del denominado peronismo. ¿Les suena el apodo dama de hierro? No sólo lo ostentó Margaret Tatcher (1925-2013) que podrá gustar más o menos pero fue primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990, la persona que durante más tiempo ostentó ese cargo en su país. Golda Meir (1898-1978) fue la cuarta primer ministro de Israel y también obtuvo la calificación de “dama de hierro” e intransigente.

Por suerte,  de unas décadas hacia acá —no demasiadas— ser punta de lanza, rayo de esperanza y faro de luz ya no obtiene esos descalificativos tan desagradables. Tenemos a la hija de Sukarno, quinta presidenta de Hindonesia, Megawati Sukarnoputri quien ha sido admirada no sólo por los suyos, sino también por la comunidad internacional. Malala, la niña defensora de la educación para las mujeres fue perseguida en Pakistán y víctima de atentados pero, en contrapartida, fue premio Nobel con tan sólo 17 años.

Liderar siendo mujer tiene sus costes. En ocasiones, otras mismas mujeres esgrimirán razones con cierta base. Tatcher, Meir, adoptaron patrones masculinos. Es posible, aunque, francamente, no lo tengo tan claro. Los ojos antiguos ven intransigencia en ellas lo que era determinación en ellos. Quizá te interese leer: ¿De qué manera ejercemos poder?

Liderar en femenino

Liderar en femenino todavía es un sueño de esos que hay que coleccionar, según Redenbach. En Europa no se cumple la recomendación de la cuota recomendada del 40% femenino en aquellas empresas que cotizan en bolsa. Vamos, que para lograr un futuro lobby europeo de féminas restan, por lo menos, 50 años.

Hay todo un muro de corbatas en los consejos de Administración de España y de Europa, aunque se han dado pasos: En España la presencia de mujeres para liderar empresas ha aumentado un discreto 6,6%. En Francia, el porcentaje asciende al 18%. Discreto pero no tanto. Sólo tres de cada cien empresas de la Unión Europea tiene una mujer como consejera delegada.

Seguimos con repaso a datos recientes. De 190 jefes de Estado, sólo 9 son mujeres. El porcentaje de altas directivas en el mundo, apenas alcanza el 16% y ni siquiera en las ONG tiene el cetro de mando (sólo el 20%).

Hay otro dato que aún me disgusta más. En  Estados Unidos muchas directivas optan por su carrera y deciden no tener hijos. Otras, abandonan sus brillantes perspectivas y trabajos para dedicarse a la maternidad. Increíble pero cierto. Señoras de Georgetown, de Yale. Increíble pero cierto.

Contra la indignación propongo medidas. Mejor actuar que quejarse. Lidera y empieza por ti: negocia tu sueldo, tal y como hacen la mayoría de los hombres; no te subestimes, deja de atribuir tu éxito a causas externas o, por ejemplo, a la suerte: no tendrás éxitos si no crees que los mereces y, por supuesto, abandona esa costumbre tan horrible de discriminar a otras mujeres. Hay que apoyarse no machacarse.

Sería estupendo que el nuevo liderazgo, ese que nos gusta a todos, el transversal, no se denomine femenino. Que no tenga color ni género. Como Redenbach, también colecciono sueños: un mundo donde las mujeres no tenga que optar entre ser brillantes profesionales y madres. Y que ser ambas cosas no las esclavice. Un mundo con cónyuges que contribuyen en el entorno doméstico y que no ven a su mujer ni como una amenaza, ni como un florero. Creo que este sueño está más cerca de ser realidad cada día. Al menos, quiero pensarlo.

Con estos mimbres, el liderazgo femenino dejará de ser una etiqueta y se convertirá en la forma de ser y estar en el mundo de las mujeres pero también de los hombres. Y quiero pensar que todo esto lo conseguiremos eliminando la palabra lucha del diccionario. De un modo natural, no revanchista y sin complejos.

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Autor:

Josefa Jiménez

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